Construir o renovar una piscina en Ibiza: lo que conviene decidir antes

En Ibiza la piscina es media casa durante buena parte del año. Se vive alrededor de ella, se enseña en las fotos del alquiler y, cuando da problemas, se nota enseguida. Por eso, cuando alguien se plantea hacer una piscina nueva o arreglar la que ya tiene, importa cómo va a quedar, y también cómo va a funcionar temporada tras temporada.
¿Piscina nueva o renovar la que tienes?
Si ya tienes piscina, lo primero es saber si basta con renovarla o si conviene rehacerla. Hay señales que indican que una piscina pide atención:
- Pierde agua más de lo que se explica por la evaporación del verano.
- Aparecen fisuras en el vaso o en el borde.
- El revestimiento está manchado, se despega o raspa.
- El equipo de depuración hace ruido, falla o tiene muchos años.
- Las piezas del borde o de la zona que la rodea están sueltas o resbalan.
Algunas de estas cosas se solucionan con una reparación puntual. Otras son el síntoma de un problema mayor. Lo sensato es que la revise un profesional con calma, fuera de temporada, antes de decidir.
Renovar sin rehacer: qué se puede cambiar
Si el vaso está sano, una piscina se puede poner al día sin empezar de cero. Según su estado, se puede cambiar el revestimiento para darle otro color y otro tacto, rehacer el borde y la zona de alrededor, sustituir el equipo de depuración por uno más silencioso y fácil de manejar, añadir una escalera de obra o iluminación. Cada cambio tiene su alcance y su coste, y no todos tienen sentido en todas las piscinas, pero conviene saber que existe un término medio entre dejarla como está y hacer una nueva.
Lo que decide el diseño
El uso. Una piscina para nadar pide largo. Una piscina para la familia o para los huéspedes pide escalones cómodos, zonas poco profundas y espacio alrededor para tumbonas y sombra.
La reforma de la casa. Si vas a reformar la casa entera, es el momento de pensar la piscina dentro del mismo proyecto y no como un añadido. La reforma integral que hicimos de una casa de estilo ibicenco en Sant Josep, por ejemplo, incluye una piscina de piedra natural.
El terreno. Pendientes, roca, accesos y la posición del sol condicionan dónde puede ir y cuánto trabajo cuesta hacerla. Y antes de nada, el municipio y el tipo de suelo dicen qué se puede hacer en tu parcela.
Si la casa se alquila
Para una casa de alquiler, la piscina tiene que aguantar un uso intenso y fallar lo menos posible en plena temporada. Merece la pena pensar en materiales fáciles de limpiar y en un equipo de depuración al que se pueda llegar rápido entre la salida de unos huéspedes y la llegada de los siguientes. Si hay niños entre tus huéspedes o en tu familia, piensa también desde el principio en cómo se protege el acceso al agua.
Materiales: lo que se ve y lo que se pisa
El revestimiento del vaso marca el color del agua y el carácter de la piscina. Los tonos claros dan ese azul luminoso de catálogo; los tonos piedra o arena encajan mejor en un jardín mediterráneo y en una casa de campo. Más allá del aspecto, conviene preguntar cómo se limpia cada material, cómo envejece con el sol y qué pasa si una pieza se estropea dentro de unos años.
El borde y la zona de alrededor son la parte que más se toca. Aquí cuentan menos las fotos y más los pies descalzos: que no resbale mojado, que no queme a mediodía y que se limpie con una manguera y un cepillo. Pisar una muestra del material, a ser posible al sol, dice más que cualquier foto.
En cuanto al coste, depende sobre todo del tamaño, del terreno, del acceso, de estos materiales y del equipo que se instale, así que cualquier cifra tiene que salir de ver tu caso.
El mantenimiento, desde el primer boceto
Una piscina bonita que da guerra cada semana acaba siendo una carga. Muchas decisiones de diseño influyen en el trabajo que dará después: un revestimiento que se limpia con facilidad, un equipo de depuración al que se llega sin desmontar nada, un skimmer bien colocado respecto al viento, o árboles que no dejen caer hojas justo encima del agua. Merece la pena hablar de todo esto antes de empezar, no cuando la piscina ya está llena, y preguntar cuánto trabajo semanal pide cada opción que te propongan.
Errores que se pueden evitar
- Elegir el sitio solo por la vista. Si en ese punto sopla el viento o no hay una sombra en todo el día, la vista pierde encanto.
- Olvidar el cuarto de máquinas. Si se deja para el final, acaba donde molesta o donde es difícil trabajar.
- Escatimar en el borde. Es la parte que más se pisa y la que más se nota cuando resbala o quema.
- Empezar la obra con la temporada encima. Una piscina a medias en junio no la disfruta nadie.
Revisarla cuando se vacía la casa
Si tu piscina ya existe y la usas o la alquilas cada temporada, el mejor momento para mirarla de cerca es cuando se va el último huésped. Sin nadie en la casa, un profesional puede revisar con tranquilidad el vaso, las juntas y el borde, escuchar el equipo de depuración funcionando y comprobar si pierde agua. Con esa revisión hecha sabes si basta con un mantenimiento, si hace falta una reparación o si conviene plantear una renovación, y decides con la información delante y no con la temporada encima.
Piscina, jardín y casa, juntos
Entre lo que hacemos está el diseño y la construcción de exteriores: piscinas, caminos, muros de piedra natural, pérgolas y riego automático, y también la obra de la casa y el mantenimiento del jardín. Así la piscina no es una pieza suelta, sino parte del conjunto.
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